NIÑA MALA, de David Slade

Una fábula perversa

Una pantalla de computadora capta la conversación entre una niña de 14 años, que asegura ser "muy madura para su edad", y un fotógrafo treintañero que la halaga y la invita a encontrarse con él en un café. Los protagonistas se conocen y la plática sobre grupos de rock y lecturas favoritas pronto se torna más sugerente y sensual. El la colma de golosinas y le regala una playera de las que comercializa el establecimiento; ella le pide la acompañe al baño para damas y, entreabriendo intermitentemente la puerta, lo ofrece un strip-tease so pretexto de que vea cómo le queda la playera regalada. Ahora él le pide que le deje tomarle algunas fotografías con la prenda, para lo cual debe ir a su casa, y ella, sin remilgos de ninguna especie, acepta. Al abandonar el local, la cámara capta un cartel, donde se solicita información sobre una menor recientemente desaparecida en la zona. La pedofilia y la violencia en contra de menores han sido introducidas en esta, como se verá, fábula perversa que refuerza su significado al aludir a la historia de la Caperucita Roja y el Lobo mediante la chamarra con caperuza que viste la protagonista.

"Niña Mala" (2005), o "Dulce duro" o "Caramelo", según su título original,.es el debut en la pantalla grande del director David Slade y el guionista Brian Nelson, ambos provenientes de la televisión americana, donde han cumplido una trayectoria fugaz, sin pena ni gloria. El primero tiene en su haber la realización de algunos videos musicales, entre 1999 y 2002, y un cortometraje de 10 minutos que combina actuación con dibujos animados, titulado ?¿Has visto a Dios??, que fue estrenado en televisión en 2004.

En cuanto al guionista, Nelson, escribió algunos capítulos de la serie "Luisa y Clark: Las nuevas aventuras de Superman", de "Veinte mil leguas de viaje submarino" y particularmente de "Invasión al planeta Tierra", todas ellas transmitidas a finales de los noventas. Actualmente ambos producen y realizan una película de horror, 30 días de noche, sobre un pueblo aislado en Alaska, privado de electricidad, que debe enfrentar el ataque de una pandilla de sedientos vampiros...

Pues bien, lo anterior puede dar pista de lo que, después de un interesante planteamiento inicial, ocurre con "Niña mala": Tras de su inocente fachada de víctima Caperucita esconde una precoz y febril manipuladora que ataca, somete y tortura al fotógrafo sospechoso de estupro y asesinato, en busca de que confiese sus crímenes y posteriormente se suicide, ofreciéndole a cambio silenciar su confesión y limpiar, post mortem, su imagen.

Con C de "castración"

A mitad de la película salen a relucir, del "back pack" de la niña, un manual de cirugía, instrumental médico y equipo para saturar heridas , más la peregrina idea de que Caperucita debe emascular los genitales del lobo, para prevenir que cometa nuevos delitos. La escena, ejecutada sobre una plancha de granito en la cocina, resultará para muchos incómoda, cuando no repelente o francamente demencial. Pero también es el ?no va más? de la ficción. A partir de ahí la cinta se extravía en una serie imparable de vuelcas de tuerca que la van despojado cada vez más de contenido hasta convertirla en pura forma gran guiñolesca, a la manera de Robert Aldrich (¿Qué pasó con Baby Jane?) en su última etapa.

En estas condiciones, poco es lo que queda de "Niña mala" después de algo más de cien minutos de proyección: Dos buenas actuaciones, algo desbocadas (¿y cómo no?) de Patrick Wilson y Ellen Page en los papeles principales y un guión mañoso y malicioso de Brian Nelson. En cambio, la dirección del primerizo Slade no muestra grandes recursos y en ocasiones resulta torpe. No hay ningún movimiento escénico, y se limita a seguir los diálogos en claustrofóbicas secuencias en primeros planos, para abrir o cerrar sistemáticamente las mismas con rápidos paneos sobre la lateral. Al mostrarse así de rutinario y poco inspirado, uno se pregunta que clase de videos musicales puede haber hecho.

En fin, salvo el sensacionalismo conseguido de la manera más primitiva, poco hay en la película que llame la atención. En todo caso, comentar que cintas como ésta poco favor hacen a los esfuerzos civiles por erradicar la violencia contra las mujeres, esa si muy real y documentada, con propuestas de administrar justicia por mano propia o, peor aún, pretender que las víctimas indefensas de múltiples violaciones pueden ser tan desalmadas y sangrientas como sus verdugos.