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SOCIEDAD Y POLÍTICA EN EL CINE
Huelguista asesinado, fotografía de Manuel Álvarez Bravo PUBLIQUÉ ESTE TEXTO HACE 37 AÑOS. CREO QUE SIGUE VIGENTE ?El imperialismo y el capitalismo, ya sea en la sociedad de consumo o en el país neocolonizado, encubren todo tras un manto de imágenes y apariencias. Crean un mundo poblado de fantasías y fantasmas en el que la monstruosidad se viste de belleza y la belleza es vestida de monstruosidad. Hay por un lado la fantasía de un universo burgués donde titilan el confort, el equilibrio, la paz, el orden, la eficacia, la posibilidad de ?ser alguien?. Por el otro lado, los fantasmas somos nosotros: los perezosos, los indolentes, los subdesarrollados, los generadores del desorden. El revolucionario es para el sistema un forajido, un asaltante, un violador, pero? ?Hago la Revolución, por lo tanto existo?. A partir de aquí, fantasía y fantasmas se diluyen para dar paso al hombre viviente. El cine de la revolución es simultáneamente un cine de destrucción y de construcción: Destrucción de la imagen que el neocolonialismo ha hecho de sí mismo y de nosotros. Construcción de una realidad palpitante y viva, rescate de la verdad en cualquiera de sus expresiones.?* El fragmento citado del conocido manifiesto de Solanas y Getino plantea en términos generales los motivos y la necesidad, la urgencia de un Tercer Cine. Un cine que en Latinoamérica, pese a las limitaciones de tipo técnico, pese a que la represión crece, ha establecido contacto con el pueblo y lucha por politizar, sacudir a su público. Un cine que en México, donde posiblemente haya más recursos (una industria cinematográfica establecida, varios canales de televisión, centenares de radiodifusoras) pero también donde la mediatización es más fuerte, hasta ahora comienza a tomar impulso: se atraviesa por un período formativo, que no dejará de dar frutos en un futuro próximo. Por eso es necesario alentarlo, abrirle camino, defenderlo de los intentos de asimilación. Por eso es importante demostrar que existe, trazar su breve historia y corregir sobre la marcha los errores que se hayan cometido. Y no es que pretendamos convertirnos en líderes del movimiento, no es nuestra intención dictar dogmas; es que el Tercer Cine es de todos y alentarle, impulsarle, defenderle y corregirle no es una imposición, es una exigencia para quien se compromete con él. ?Destruir la imagen neocolonial? rescatar la verdad en cualquiera de sus expresiones.? ¿Cómo se ha enfrentado en México a esta tarea? He aquí lo que busca responder esta sección.
* Fernando E. Solanas y Octavio Getino: ?Hacia un Tercer Cine? Revista Cine Club, núm. 1, México. |
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